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OM MAHAKALA KALA BIKALA RATRITA DOMBINI CHANDALI RAKSHASI SINGHALI DEVIBHYO HUNG PHET OM SHRI MAHAKALA HUM PHAT

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愛染明王

愛染明王

Pesttanz

Sky burial site in Yerpa valley in Tibet where kapalas are searched by tantrics.

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Suicide Forest in Japan

El Culto de la Calavera

Al cráneo  humano y animal se han adjudicado fuertes connotaciones religiosas y simbólicas en numerosas culturas, amén de sus resonancias esotéricas en el ámbito del ocultismo y las sectas y sociedades secretas . El emblema de la calavera y los huesos se vincula también con ciertos ritos de iniciación, donde adopta la significación general de purificación y de renacimiento, relacionándose el cráneo con la inmortalidad, al creérsele primitivamente residencia de la vitalidad y del alma humana.

Parecen hallarse  en todo el mundo, aquí y allá, vestigios de un culto casi universal a la calavera. Hay indicios especialmente relevantes en Oriente, en India y Tibet. Pero la veneración del cráneo  también se dio entre los celtas o en los pueblos amerindios, sobre todo entre los mexicas: conocidos también como aztecas, los mexicas mantenían como parte de sus creencias al culto de dos dioses, Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, “señor ” y “señora” de la oscuridad y la muerte.Tambien se puede rastrear este culto (…) “en el Africa que rodea a Egipto, donde también se conservaba el cráneo, particularmente en el caso de jefes y curanderos,cuya sabiduría y poderes divinos se creía que residían en la cabeza” . En el Egipto más antiguo la cabeza del muerto se cubría con estuco y la cara se modelaba cuidadosamente.

No sólo se rindió este culto al cráneo humano desde tiempo inmemorial, sino que algunos expertos creen que en algunas culturas primitivas el cerebro pudo haber sido comido sacramentalmente .  Estas prácticas son, como decimos, muy antiguas. En Jericó, ya en el Neolítico,  existió culto a la calavera humana, desde el 7000 a.C., culto que debió consistir en conservar las calaveras como reliquias de los muertos, en la extendida creencia de que la cabeza es un objeto numinoso,  residencia del poder espiritual.  La veneración del cráneo humano comienza probablemente en una época tan temprana como el Paleolítico Superior, donde la práctica de preservar y honrar el cráneo apartándolo del resto del esqueleto (recordemos que sagrado y segregado comparten una acepción simbólica) parece haber sido una costumbre habitual, bajo diferentes formas, a lo largo de la prehistoria.  Aunque algunos eruditos creen ver en esos cráneos un indicio del canibalismo del hombre prehistórico, la mayor parte de los expertos en la materia convienen en que los cráneos fueron limpiados y tratados con reverencia destinándolos al culto en un momento posterior al de la  muerte de sus propietarios.

Se sabe también que los hombres del Paleolítico prestaron especial atención a los cráneos de animales, lo cual parece haberse vinculado a algún tipo de magia cazadora.  El uso de enterrar cráneos de animales (perros, caballos, osos) junto a los restos humanos es también muy antiguo y parece haber estado cargado de simbolismo.

En lugares tan remotos como  las cuevas de la Colina del Hueso del Dragón de Chukutien, en China, aparecen vestigios del culto del cráneo; hay indicios de que se extraía el cerebro de las calaveras quizá para ser consumido sacramentalmente antes de disponer los cráneos para su conservación como trofeos. Este canibalismo ritual también se practicaba en una gruta del Monte Circeo, en las marismas tirrenas de Italia, donde apareció un cráneo neanderthalense del que se había extraído el cerebro y que luego había sido colocado dentro de un círculo de piedra rodeado de huesos de animales.     (2)

Las razones que llevaban al hombre prehistórico a realizar trepanaciones, ya fueren pre o post-mortem, sigue siendo un misterio. En lo que se refiere a las trepanaciones post-mortem, se ha apuntado una razón práctica, relacionada con el propósito de colgar el cráneo, como se obseva en los Dayak de Borneo, que practican un culto a la calavera. Asímismo se ha considerado que la calavera pudiera servir de cuenco o vaso de uso ritual: “beber del cráneo de un enemigo es la voluptuosidad suprema del bárbaro”, afirma Broca, en un fragmento de Tito Livio (Libro XIII, capítulo XXIV)

La aparición de cráneos usados como copas  en Placard, Charente, en la gruta del Trou en Montardit y Kaprina, cerca de Zagreb en Croacia, sugiere que en el Paleolítico superior los cráneos eran usados en un sentido sacramental. La cabeza era considerada un centro de la sustancia anímica y por ello el cráneo pasó a ser una fuente importante de poder espiritual, del mismo modo que la sangre era considerada un vehículo de la vida; ambos elementos servían para establecer un vínculo de unión o sacramentum, cuando eran consumidos juntos ritualmente para fomentar y conservar la vida. (…) Es curioso que estos mismos elementos simbólicos, cráneo y sangre, unidos en un sólo soporte formal, volvamos a encontrarlos siglos más tarde en algunos de los mitos griálicos, al menos en su vertiente más cruda y nuclear, tal y como recogen los mabinogi, especialmente en el Peredur, hijo de Ewrac.

Es curioso constatar, como vemos, que el culto del cráneo se encuentra en todos los rincones del mundo. Fue adorado y reverenciado y aún se guarda en relicarios y venera en muchas culturas y formas religiosas, cristianismo incluido.  Esta fascinación por el cráneo era especialmente relevante entre los antiguos pueblos mejicanos, desde la época de los ya mencionados mexicas. En estas culturas, el motivo del cráneo aparece en una asombrosa variedad de formas.  También entre los mochicas las numerosas representaciones de demonios con las características cabezas trofeos, así como otras figuraciones de cabezas, parecen indicar que el culto de la calavera, en su vertiente de la cabeza cortada,  revestía cierta importancia.

Por ejemplo, el centro del llamado Calendario Azteca presenta un rostro con cara de una calavera del dios azteca Xolotl; el cráneo era un elemento importante en la labor temática de oro de los mixtecos.  La historia y el folclore mejicanos están indisolublemente ligados a la efigie de la cabeza del muerto: “Comienza con una calavera de Janitzio, en Pátzcuaro, Michoacán, la cual está hecha en tule; prosigue con las típicas de Celaya, Guanajuato, elaboradas en cartón con base de madera. Asimismo, están las calaveras y diablitos de Ocumicho, Michoacán.

En la actualidad aún persisten por doquier vestigios de ese ancestral culto al cráneo, especialmente en el seno de ciertas tradiciones religiosas más o menos arraigadas, incluida la religión católica, con su sobresaliente culto a las reliquias, entre las que se cuentan numerosas cabezas, como la del Bautista . Bástenos por el momento  como ejemplo citar el culto a los cráneos de san José, que constituye una tradición que viene desde hace más de un siglo. En  algunos pueblos, hay formas cultuales  en torno al cráneo sumamente curiosos. Está el caso de las llamadas ”ñatitas” o  “aimaritas”, que son cráneos  de difuntos –recogidos en las fosas derruidas– o de personajes que, en vida, se caracterizaron por un comportamiento que contradecía las normas o convenciones sociales: “estos son mimados en el seno de la familia pues son consideradas protectores. En la ceremonia que llevan a cabo los aymaras, en Bolivia,  las calaveras van de casa en casa, al unísono del tañido de las campanas de la iglesia que repican cada cierto tiempo.

En el cortejo procesional van rezando letanías de repertorio católico antiguo apropiado para las ánimas o difuntos “. (7) La fiesta –dicen nuestras fuentes–  se remonta a las tradiciones de pueblos precolombinos, que solí­an desenterrar a sus muertos para honrarlos una vez al año (…) Los creyentes llevaban los cráneos en actitud de agradecimiento por los favores recibidos. Otros, en cambio, intentpretaron deshacerse de ellas pues experimentaron un efecto contrario, es decir, su presencia en casa ocasionaba desgracias familiares” (7) En este último pasaje encontramos ecos de la asociación de la calavera con la actividad espectral o sobrenatural, típica de los relatos decimonónicos de fantasmas. Un ejemplar fantástico es el célebre caso del cráneo  gritón de Yorick.  En diversas formas folclóricas y literarias, el cráneo, además de constituirse en emblema de  mortalidad y  vanidad –memento mori– siempre ha estado ligado a la presencia sutil o espiritual de los habitantes del más allá.

El origen de ese culto de las calaveras mantiene vínculos interesantes no ya con en la cultura Maya, sino también con la egipcia, la azteca o la vikinga. Se dice que los vikingos “después de los combates que libraban le cortaban la cabeza a los vencidos y en los cuencos de sus cráneos brindaban por el triunfo: “ Todavía hoy, cuando brindan los escandinavos exclaman skål! … (del vocablo skalle, skol, calavera, –en inglés skull, cráneo–) que significa salud y lo realizan estrechando sus copas”, pero el término también tiene la acepción de taza o copa ,  fuente, escudilla –significados que de nuevo nos traen a la memoria el graal, o grasale, palabra que en la edad media describía originalmente una fuente o plato hondo.

El uso en diversas culturas del cráneo del enemigo derrotado como copa para escanciar la bebida del vencedor ha sido recogido por numerosos autores a lo largo de la historia, siendo especialmente destacables las menciones sobre los pueblos nómadas de las estepas de Eurasia. Conocido como kapala en el ámbito del tantrismo y diferentes cultos budistas, el cuenco de calavera se representa a menudo en las manos de los dioses del hinduismo; la identidad del propietario del cráneo, sin embargo, no se considera de especial significación (un matiz distinto al que ofrece el culto de la calavera en tanto reliquia en el cristianismo, por ejemplo). Muchos de estos kapalas ricamente decorados y trabajados con increíble detalle han sobrevivido hasta nuestros días, la mayor parte en el Tibet. Los escitas, según Heródoto (484-425 antes de Cristo) y luego Estrabón (s.I después de Cristo) también mantendrían esta curiosa costumbre ritual de beber en los cráneos de sus enemigos.